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La estrategia de Cristina está dando resultados

Por Gonzalo Arias

En el siglo XIV, en un pequeño pueblo al sur de Inglaterra, un fraile franciscano dio el puntapié inicial a lo que se conocería como uno de los principios más influyentes, tanto para la filosofía como para la lógica. Guillermo de Ockham sostenía que las respuestas sencillas suelen ser las correctas. Este principio se conoce desde entonces como «la navaja de Ockham» o también como el principio de parsimonia. Lo que procura es ponderar aquellas explicaciones que, por sencillas, pueden acercarnos a conclusiones correctas.

Si a veces las respuestas más simples son las certeras, a veces las preguntas más simples son las que más luz arrojan sobre el futuro. Esto, en nuestro contexto electoral presente, nos remite directamente al gran interrogante por las candidaturas. Algo que, recién el próximo 22 de junio, cuando venza el plazo legal para la inscripción de frentes y alianzas, se comenzará a dilucidar.

La inesperada publicación del libro Sinceramente de la ex mandataria, Cristina Fernández de Kirchner, ha reanimado el debate sobre su posible y, para no pocos incierta, candidatura. Su probable presentación en la Feria del Libro podría convertirse en una suerte de prelanzamiento de una campaña cuyo inicio legal es el 12 de julio.

Sea cual fuese la decisión de Cristina de, por un lado, presentar el libro que ya es un éxito editorial en los próximos días y, por el otro, si le imprimirá un tono de campaña a dicha presentación, la pregunta que sobrevuela estas líneas es tan simple como clara: ¿por qué Cristina no sería candidata?

Y como enseña la navaja de Ockham las respuestas son más sencillas de lo que a priori puede presuponerse; a saber:

-El Gobierno no está haciendo las cosas bien

Uno de los motivos esenciales para echar por tierra la no candidatura de Cristina es el propio accionar del Gobierno. Es más, se podría especular con que, en el Instituto Patria, sede simbólica del bunker de campaña, en estos tiempos esté circulando el clásico axioma de Napoleón Bonaparte: «Si el enemigo se equivoca, no lo distraigas».

El Gobierno está dando todos los pasos para que Cristina no pueda eludir la tentación de ser candidata presidencial. Si bien está claro que las chances de que Mauricio Macri gane un ballotage aumentan si la candidata es Cristina y no otro adversario, lo cierto es que los recurrentes «pasos en falso» y «errores no forzados» del Gobierno van mejorando la intención de voto de la ex Presidenta.

¿Quiénes son estos «nuevos» potenciales votantes? Básicamente los que no estaban seguros de votar por ella, que incluso bien podrían votar por Macri, pero que la endeble situación económica, la incertidumbre y el temor los lleva a inclinarse por un nuevo mandato de Cristina.

No hay que olvidar que los votos nunca pertenecen a un candidato exclusivamente. Si algo puede observarse en los últimos 40 años de historia electoral —tanto en el país como en el mundo— es que los electores pueden votar tanto por un candidato como por su antítesis, realizar configuraciones en las boletas electorales aun al borde de la incoherencia y, sobre todo, rechazar emocionalmente a un candidato que hasta no hace mucho habían idealizado amorosamente.

Indudablemente el Gobierno necesitaba que Cristina sea candidata, pero lo que no buscaba es que, por una serie de desaciertos y errores propios, ella llegue electoralmente bien posicionada.

-La estrategia de Cristina está dando resultados

Las grandes derrotas ameritan grandes reflexiones. Entender qué fue lo que pasó, por qué se perdió, suelen ser los pilares fundamentales para revertir —a corto o largo plazo— la derrota y aspirar nuevamente a ganar.

Allá por 2015 la derrota de Daniel Scioli llevó a que Cristina tuviera que bajar su perfil luego de 12 años de estar en el cénit de exposición pública. Quizás por idea propia o algún lúcido colaborador, la estrategia que le permitiría transitar los años venideros sería la del silencio. La conclusión a que habían llegado los especialistas en opinión pública por aquellos momentos era que, cuando hablaba, su imagen bajaba y la de Macri, aumentaba. Esta tendencia se mantuvo desde 2015, potenciándose sobre todo tras la nueva derrota electoral que sufrió el kirchnerismo en 2017.

Sin embargo, el último año de gobierno echó por tierra toda certeza de triunfo para Cambiemos. Si hacia octubre de 2017 el clima en Balcarce 50 era de un exultante optimismo de cara a la reelección presidencial, el dólar, la inflación y los datos sobre la pobreza, entre otras variables económicas.

Este es, con toda seguridad, uno de los aprendizajes más importantes para quienes detentan o pretenden detentar el poder: como diría el sociólogo Zygmunt Bauman, en la «modernidad líquida», las certezas son escasas y lo característico de la época son los cambios constantes. Nada se mantiene de la misma forma por mucho tiempo o, como diría el filósofo de Tréveris: «Todo lo sólido se desvanece en el aire».

-La opinión pública da signos de apoyo

Desde la Ciencia Política y la Sociología se ha calificado a este momento histórico que vivimos en gran parte de Occidente como la «democracia de encuestas», es decir, una democracia que orienta su devenir, sus actos de gobierno, sus candidatos, sus proyectos políticos a partir de lo que las encuestas —instrumentos científicos de médicos de la opinión pública— supuestamente reflejan.

Como señalaba el recordado Manuel Mora y Araujo: «Para entender a la Argentina es preciso comprender a la opinión pública antes que a sus dirigentes». Siguiendo este adagio de la consultoría política, en los últimos meses las encuestas están inclinando el fiel de la balanza, al menos por el momento.

Si bien la polarización está presente y marca tendencialmente todos los estudios, la ex mandataria pareciera estar cosechando mayores adeptos que en el caso de Macri.Un retorno al poder del kirchnerismo, que hasta hace no mucho tiempo parecía una quimera, hoy es un escenario posible.

Entonces, volvemos al principio, ¿por qué Cristina no habría de ser candidata?

El autor es sociólogo, consultor político y autor de «Gustar, ganar y gobernar» (Aguilar, 2017).

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